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"¿Por que miente? ¿No se da cuenta de que así es peor? Estoy perdiendo la confianza en mi hij@: nunca me dice la verdad...ya no me fío y estoy cansad@ de darle oportunidades." Esta suele ser la reacción habitual de los padres cuando llegan a la consulta porque se dan cuenta de que tienen un problema que no saben cómo solucionar: su hijo/a ha hecho de la mentira un hábito y ya no confian en él. En la adolescencia, se producen más mentiras intencionadas por miedo a las consecuencias de algo que han hecho que saben que no está bien: no han estudiado lo suficiente, han faltado a clase y han ocultado el motivo, han probado sustancias tóxicas o los primeros contactos entre chicos y chicas. En estos casos, en los que los adolescentes emplean la mentira como forma habitual de manejarse y comunicarse con los demás, puede esconderse una baja autoestima, falta de habilidades sociales o problemas de comunicación con los padres. La solución debe empezar por restaurar una situación de confianza mutua; sin embargo, resulta paradójico que la desconfianza que han generado los padres hacia el hijo como consecuencia de sus mentiras, no proporciona el clima adecuado para que las cosas cambien y esto es, precisamente, lo que hay que trabajar.
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