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Es importante saber que la terapia familiar no implica que obligatoriamente tenga que acudir a la consulta toda la familia, ya que no siempre resulta necesaria la implicación de todo el grupo familiar. De esta forma, la terapia familiar se centra principalmente en aquellos miembros de la familia que son más susceptibles al cambio o que más ganas tienen de cambiar la situación. Existen dos tipos de crisis por los que las familias suelen recurrir a la terapia familiar: crisis inesperadas o situacionales (un accidente, separaciones, divorcios, muerte) y crisis de desarrollo o evolutivas, que son las que tienen que ver con el paso del tiempo y las etapas normales del ciclo vital, por ejemplo la adolescencia, la jubilación o el quedarse con la casa vacía cuando los hijos se independizan.
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